brillo de estrella en una galaxia

¿Cuál es tu misión en la Tierra?

Esta vieja historia te puede ayudar a recordar cuál es tu misión en la tierra.

Se cuenta que una vez, un mundo más allá de las estrellas conocido como el país de la luz donde los hombres eran como reyes en un ambiente de tal felicidad que no es posible describirlo en términos conocidos. Cierto día el rey llamó a uno de sus hijos y le anunció:
-Hijo, siguiendo la tradición de nuestro reino, tienes que emprender una misión muy importante en un planeta muy lejano que se conoce con el nombre de Tierra. Se trata de una prueba que todos los príncipes han de llevar acabo cumplida cierta edad, a fin de que más adelantes estés preparado para realizar tareas dignas de tu alcurnia. Así esta ordenado desde el principio de los tiempos, y así será hasta el final. Debes rescatar una joya muy preciosa que se encuentra custodiada por un peligroso dragón; pero has de tener mucho cuidado. Debido a las condiciones del lugar al que te diriges, la atmósfera, la alimentación, las costumbres, incluso la gente, es posible que al poco tiempo de permanecer allí olvides el mandato; a pesar de todo, deberás reponerte y ejecutar sin dilación tu cometido.

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El príncipe hizo todos sus preparativos, fue provisto por su familia de ciertos recursos especiales: una especie de comida que lo alimentaría durante el exilio, reducida en tamaño, pero ilimitada en cantidad. También podría disponer de otros medios que no pueden ser descritos, pero que utilizados adecuadamente lo protegerían de cualquier daño.
Para el viaje debería cambiar aspecto y ropa, a fin de pasar desapercibido.
Todo se hizo según lo previsto; se le facilitaron guías que lo condujeron hasta el nuevo territorio y una vez en él lo dejaron solo.

Cuando partieron sus acompañantes el Príncipe quedó expectante, y de pronto se encontró, con alguien que se hallaba cumpliendo una misión similar a la suya, y juntos pudieron mantener vivo el recuerdo de sus orígenes sublimes, a pesar de que todo lo demás le resultaba extraño: el lenguaje, la forma de vida, la alimentación, etc. Pero debido a la atmósfera, la comida y otras muchas influencias, una especie de sueño se apoderó de ellos, y muy pronto el Príncipe olvido su misión.
Durante años vivió en la Tierra como uno más de ellos, ganándose la vida con el desempeño de un trabajo vulgar, ignorante de lo que realmente debía de estar haciendo.

Sin embargo, por ciertos medios que poseen en el país de la Luz, que es desconocido para los terrícolas, el Rey tuvo noticias de la lamentable situación de su hijo. Entonces, los habitantes del país de la Luz se pusieron a trabajar juntos de una determinada forma por ellos conocida, para transmitir un mensaje al Príncipe, de modo que éste pudiese salir de su narcotizado estado, se pudiese liberar y pudiese perseverar en su misión. Así que por un extraño medio el hijo del Rey recibió el siguiente mensaje: «¡Rápido, despierta!, recuerda tu origen, tienes aún que cumplir esa misión especial que te fue encomendada, para poder regresar junto a nosotros!».
La llamada despertó al Príncipe, que inmediatamente se puso en marcha, encontró al dragón, y con ciertas técnicas y sonidos especiales consiguió que el monstruo quedase inactivo, tomando la joya que había venido a buscar.

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El Príncipe, siguiendo las instrucciones del mensaje, abandonó sus vestiduras terrestres por las de su país de origen y, guiado por el Sonido, regresó feliz a la tierra de Luz.
Ahora, después de superada la prueba, pudo contemplar con más claridad aún el esplendor de su tierra, comprender el Trabajo realizado y el valor de vivir plenamente consciente de ello. También pudo recordar que los habitantes de la Tierra recuerdan vagamente su país de la Luz, al que le asignan diferentes nombres, aunque en definitiva todos significan lo mismo: Paz.

Lo mismo que al Príncipe nos ocurre a nosotros; las condiciones del entorno que desde el nacimiento nos rodean hacen que nos vayamos adaptando al medio a la vez que perdemos el contacto con nuestra auténtica identidad, olvidamos cuál es nuestro propósito, es decir, cuál es nuestra misión en la tierra. Para recuperar la memoria, el recuerdo y la realidad de nuestro origen y de nuestra esencia hemos de despertar, esforzarnos por encontrar nuestros propios dragones, recuperar la joya y cumplir así nuestra misión, que es la llave para poder volver a nuestro reino. El hombre tiene un origen y un destino, y si no lo recuerda, perderá ambos.

Salvador A. Carrión, Eneagrama y PNL (2000)

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